TESTIMONIOS


 AMOR A JESUCRISTO 
CON UN CORAZÓN INDIVISO
Encuentro del Santo Padre con las religiosas en
el Monasterio de El Escorial
 -19 DE AGOSTO DE 2011-


  
El día 19 de agosto, las religiosas jóvenes nos encontrábamos con el Papa en El Monasterio del Escorial. Era uno de los actos previstos dentro de la JMJ.

            De nuestro monasterio de Casarrubios, fuimos las tres monjas cuyas edades estaban comprendidas en la edad que se requería para el evento: Sor Mª Gracia, Noelia que es postulante y yo, Sor Marina. Aunque Sor Gracia y yo ya habíamos visto por dos veces al Papa en Roma, en dos Audiencias Generales, esperábamos esta visita con gran alegría.

            Tuvimos que estar en la estación de Chamartín a las seis de la mañana, pues había trenes preparados para llevarnos al Escorial. Allí nos encontrábamos todas las religiosas (en el encuentro se ha dicho que éramos unas 1.600) de distintos lugares de España y del extranjero.

            Las monjas de vida contemplativa, íbamos juntas en un tren (había cinco trenes dedicados exclusivamente para nosotras. El trayecto se hizo muy rápido pues estábamos aún un  poco dormidas ya que casi no habíamos podido dormir esa noche.

            Al llegar al Escorial, las calles del pueblo ya estaban llenas de gente entusiasmada esperando ver pasar al Papa. Nosotras, teníamos unos autobuses para llevarnos directamente el Monasterio.

            Nos llevaron hasta el Patio de los Reyes donde habíamos de ver al Papa; eran las 7’45h y el encuentro estaba previsto para las 12’00h. La espera se hizo notar, pero no tanto como esperábamos. Tuvimos la suerte de conocer y entablar relación con otras jóvenes religiosas. La sorpresa y alegría fue cuando descubrimos entre el grupo de religiosas, a Sor Mónica, monja del monasterio de Ampudia, que también pertenece a la Congregación cisterciense de Castilla. No vimos más cistercienses aunque sí alguna trapense. En este tiempo de espera, algunas monjas cantaron varias canciones religiosas y nos leyeron algunos textos referentes a la cruz. Por el momento, todo iba bien y no hacía calor todavía.

            A pesar de todo, la emoción iba en aumento, no cesábamos de aplaudir y de gritar tres consignas:

            -Esta es la juventud del Papa.
            -Esta es la vida consagrada,
            -Estas son las chicas de la Iglesia.

            Cuando ya se acercaba el momento, las cámaras de televisión nos empezaron a grabar. Una de las organizadoras, nos dijo que nos iba a ver todo el mundo y que cada una estuviéramos sentadas en nuestro sitio y sin movernos, pero sólo le hicimos caso cinco minutos, pues cuanto más se acercaba la hora, era más difícil estar quietas porque la alegría nos desbordaba.

            Por una pantalla gigante veíamos, como  se iba acercando el Papa y ya no hubo forma de estar formales.

            A pesar de haber visto al Papa dos veces en Roma como ya he dicho, sentía una emoción diferente que no había experimentado anteriormente. Cuando el Papa se bajó del Papamóvil para entrar andando en el Patio de los Reyes, no hubo religiosa que no se subieran a las sillas donde estábamos sentadas, para poder verle pasar por nuestro lado. El gritos de saludo al Papa se repetían, el sol ya había salido y sin embargo, no se sentía, ¡aquí estaba el Papa! Me embargó una emoción que no sé si volveré a experimentar en mi vida aunque vuelva a verlo.

            Antes de empezar el Papa, nos dirigió unas palabras el Cardenal de Madrid Rouco Varela, no se le entendía y se lo hicimos notar, pero seguimos sin entenderle. Sin embargo, cuando la religiosa que saludó al Papa, habló, ya la entendimos perfectamente. Fue un saludo muy bonito cuyo contenido expresaba muy bien el sentimiento de todas,  cada una hacia la persona del Papa y  lo que representaba.  No hay duda de  que todas sentíamos en nuestro interior y hacíamos nuestra cada palabra de saludo a él dirigido.

            Y ya llegó el momento de escuchar lo que El Papa, el dulce Cristo aquí en la tierra, nos tenía que decir, y ¡mala suerte! No se le oía, la megafonía era muy mala, sólo entendimos frases sueltas. El sol caía sobre nosotras, el calor era sofocante y no se entendía al Papa, pero a mí, no me había disminuido la emoción ni la alegría de verle y allí estábamos todas en medio de un silencio impresionante después de habernos quedado roncas da tanto saludarle antes que empezara a hablar. Ahora tenemos tiempo de leer su mensaje, meditarlo y orarlo.

            Se nos hizo corto, sólo diez minutos, hubiéramos deseado un discurso más largo y tenerle un poco más de tiempo con nosotras hablándonos y dándonos ánimos en nuestra vocación. Al final, cantamos con él, el Padrenuestro en latín y entró en la Basílica para el encuentro con los jóvenes profesores universitarios, encuentro que vimos a través de la pantalla que se había colocado en el Patio de los Reyes. Después de esto, las autoridades que habían venido y los profesores, entraron en el Patio de los Reyes donde estábamos nosotras (ya muertas de calor), pues el Papa iba a pasar otra vez por allí, y así fue, pero le rodeaba tanta gente que era difícil verlo. Pero ni el calor sofocante ni la dificultad para ver al Papa diminuyó nuestro gozo.

            Así acabó el encuentro pero no la alegría de verlo y de haberlo tenido tan cerca, también un poquito la pena de haber estado con él tan poco tiempo, realmente nos supo a poco. Aún así para mí, valió la pena todo el sacrificio del madrugón y de las varias horas de espera. Y ahora, como digo más arriba, cuando he leído el discurso que el Papa nos dirigió y que no pudimos entender bien, no puedo dejar de recordar aquellos sentimientos que había en mi cuando le veía tan cerquita y le escuchaba aún sin entender.

            Bellísimo discurso que debemos leer y releer para poder vivirlo en toda su plenitud, para vivir ese encuentro personal con Cristo, esa entrega radical y esponsal sin anteponer nada a Él, firmes, arraigadas en el “Amado” como bien expresó el Papa. ¡Ojalá que este mensaje cale en toda consagrada (joven o no tan joven) y con la gracia de Dios, se haga vida en nosotras!

 Sor Marina Medina
Monasterio de la Santa Cruz
Casarrubios del Monte

UN INMENSO DON DE DIOS
-15 DE AGOSTO DE 2010-



            Desde estas líneas quiero invitaros a dar gracias a Dios conmigo por haberme llamado a su seguimiento; como decía el Papa Benedicto XVI en su homilía del domingo 24 de abril de 2005: “Y únicamente donde se ve a Dios comienza realmente la vida. Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con Él”, y es lo que quiero compartir con todos.

            El día 15 de agosto hice la Profesión Solemne aquí en mi Monasterio de San Benito, en Talavera de la Reina, uniéndome a Dios y a mi querida Comunidad para siempre.

            Muchos me han dicho que ya he llegado a la meta, pero creo que es ahora cuando empiezo; es el momento de renovar cada día el esfuerzo por “correr con constancia la carrera que se me propone, fijos los ojos en Jesús”(Hb 12, 1-2), en un querer corresponder, en el Monasterio,  a un Amor que se me ha dado “por la conversión de las costumbres, la obediencia, la estabilidad, y la asidua meditación de la Palabra (lectio divina), la celebración de la Liturgia y la oración”[1] y en el servicio sencillo y generoso a mis Hermanas de Comunidad.

            Sabiendo que “este tesoro lo llevamos en vasos de barro para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros” (2Cor 4, 7). “Y que aunque mi vida no será siempre iluminada por aquel fervor sensible que hace exclamar: “Bueno es estarnos aquí” (Mt 17,4). Sin embargo será siempre una vida tocada por la mano de Cristo, conducida por su voz y sostenida por su gracia”[2]; lo que me hará caminar hacia delante con una confianza renovada cada día.

            Mi fidelidad en el amor y esa entrega escondida en vivir lo sencillo de cada momento con una sonrisa, harán que el testimonio que pueda dar “ayude a recordar que en primer lugar está el servicio gratuito a Dios, hecho posible por la gracia de Cristo”[3].

            Os invito a venir a nuestro Monasterio sobre todo a los jóvenes para conocer la riqueza de la Vida Monástica en la Iglesia y para que os unáis con nosotras en nuestra oración litúrgica coral de alabanza a Dios y de intercesión continua por toda la humanidad, porque “la mirada fija en el rostro del Señor no atenúa el compromiso por el hombre, más bien lo potencia” [4]

            También os pido que recéis por todos los monjes y monjas y para que “nuestros Monasterios sigan siendo, como lo han sido, en el corazón de la Iglesia y del mundo un signo elocuente de comunión, un lugar acogedor para quienes buscan a Dios, escuelas de fe, de diálogo y cultura para la edificación de la vida eclesial y la misma ciudad terrena, en espera de aquella celestial”[5]

            Que María Nuestra Madre guíe nuestro caminar hacia Cristo, su Hijo.



Sor Eva Mª Campo Reguillo
Monasterio Cisterciense de San Benito
Talavera de la Reina


[1] Vita Consecrata nº6
[2] Ibidem nº40
[3] Ibidem nº25
[4] Ibidem nº75
[5] Vita Consecrata nº6