25 ene 2021

Solemnidad de Nuestros Santos Padres Fundadores Roberto, Alberico y Esteban

    En el año del Señor 1.098, nace la Orden Cisterciense, fundada por veintiún monjes que presidían los Stos. Roberto, Alberico y Esteban, monjes del monasterio benedictino de Molesme, con el propósito de observar con toda fidelidad el espíritu de la Regla del patriarca de los monjes, San Benito, en la sencillez, el trabajo, la pobreza, el Oficio Divino, la soledad y la Oración. “ De modo que no hubiera ya en sus actos, ninguna desavenencia, antes vivieran con una sola caridad, con una sola Regla, y con costumbres semejantes" (Exordium XXI).

  "Roberto y veintiún monjes, entre los cuales estaban el prior Alberico, y el sabio inglés Esteban Harding, salen de Molesme para retirarse a un lugar agreste y apartado, el bosque de Citeaux, el novum monasterium, a una distancia de veinte kilómetros al sur de Dijón, en la diócesis de Chalon-sur-Saône. Era el 21 de Marzo de 1.098. Establecida como abadía independiente bajo la protección del obispo de Chalon y el arzobispo Hugo de Lión, su metropolitano, enclavada en las propiedades del vizconde de Beaune, la fundación comienza en un modestísimo edificio de madera. La pequeña iglesia levantada a finales del mismo año de su llegada, dedicada a la Stma. Virgen, permanecerá intacta hasta la Revolución Francesa".

    La Orden Cisterciense no es, en consecuencia, "una comunidad de monjes iguales entre ellos.., sino una comunidad de abadías autónomas". No obstante, la maduración de la constitución cisterciense se produjo en el espíritu de Esteban, mientras el monasterio atravesaba con dificultad la falta de vocaciones, que muy bien hubiese podido minar la esperanza y confianza en Dios de los monjes blancos, terminando esta gran prueba el 21 de Abril de 1.112, fecha de la Pascua en aquel año, en que providencialmente llega al monasterio Bernardo de Fontaineslès-Dijón, con treinta de sus compañeros. El pequeño Exordio añade que "en esta misma época la iglesia (de Citeaux) creció en tierras, viñas, prados y granjas, sin que esto perjudicara ni relajase su fervor". A partir de aquí comienzan las fundaciones del Nuevo Monasterio. (Historia del monacato cristiano II)









19 ene 2021

Sentirnos llamados

 

Al comienzo del año,en nuestro monasterios reiniciamos la lectura de la Santa Regla que nos dejó nuestro P. San Benito.

Y ¿qué nos ofrece San Benito? Nos da la forma al contenido de nuestra vida en el monasterio, que no es otra cosa que el seguimiento de Cristo conforme el Evangelio. Algo que todo cristiano, por su bautismo, ha de vivir conforme a su estado de vida.

Así pues,tenemos ante nosotros un plan de vida, que nos ilumina nuestra existencia para que la vivamos como Dios quiere, poniéndonos confiadamente en sus manos. Los monjes y monjas a través de la entrega fraterna en la comunidad, como le hemos prometido al dedicarnos a su servicio para toda la vida en el día de nuestra profesión monástica. Los laicos en el mundo, a través de las personas y acontecimientos que nos muestran cada día la voluntad del Padre.

Por esto, es muy importante al comienzo del año renovar nuestra actitud. Una actitud que ha de ser pronta para volver a sentir la llamada en nuestro corazón, una llamada a la escucha fiel, disponible, generosa en la entrega amorosa de la vida, por Dios  y por los demás.

Esto es ser verdaderos discípulos, como lo fueron María, José,… Andrés, Juan, Pedro y todos los demás que conocieron a Jesús y le siguieron desde los comienzos de su vida pública.

Como ellos, hemos de fijémonos en Jesús sin apartar nuestra mirada de Él, oigamos sus palabras y sigámoslo con alegría. No importa los años que llevemos caminando tras sus huellas. La mirada de Cristo, su llamada hacia cada corazón, siempre es nueva y nos renueva, nos llena de fuerza y esperanza, de fe y amor, para no desfallecer, sino para sentirnos llenos de gozo, sabiendo que escogiéndole a Él, hemos escogido la mejor parte. 

¡Qué bien se está aquí, contigo! ¡Dichosos los que viven en tu casa, Señor, alabándote siempre!