22 jun 2022

Sta. Gertrudis y el Sagrado Corazón de Jesús

 


Por haberme atraído a Ti y realizar mi salvación: Estoy obligada a confesar que debo esto a la mansedumbre y bondad de tu naturaleza. 

Has ganado este indómito (Ex 2,4) corazón mío (que con toda justicia merece estar atado en cadenas de hierro), acercándolo a ti con dulces caricias, como si encontraras en mí una digna consorte de tu mansedumbre, y consiguientemente en esta unión tu mayor felicidad. Como si el número de justos no fuera suficientemente grande para recibir tu gran amor, me has llamado a mí, la que tiene menos méritos, no para realizar una santificación fácil de un alma ya dispuesta, sino para manifestar con mas esplendor en mi alma muy imperfecta el milagro de tu benevolencia. 

Tú [...] sientes placer en esta unión. Esto lo puedo atribuir sólo a la locura de tu amor, si se me puede permitir hablar de esta manera. Como has asegurado, encuentras felicidad de una forma increíble en unir tu infinita sabiduría con un ser tan desemejante (disimile) y tan inapropiada para tal unión (...). 

Tú me guías con gracia hacia el fin bendito. Humilde y firmemente creo que debo recibir este regalo tuyo, en la dulce bondad de tu amor caritativo, de acuerdo a tu fiel promesa y a pesar de mi gran indignidad; y lo abrazo con amor y gratitud inquebrantables. No es por ningún mérito mío, sino que solo por la gratuita clemencia de tu misericordia, ¡oh mi todo, mi supremo, mi única verdad, eterno Bien!