30 may 2026

Solemnidad de la Santísima Trinidad

 

En esta solemnidad, se despliega ante nosotros el mural de la vida íntima de Dios. Y aunque no vemos nada, porque es normal, Dios es cegador, sin embargo, intuimos algo definitivo: Dios es amor, no es solitario, vive en compañía, en comunión divina. Y gracias a ese amor infinito que Dios es en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, nosotros hemos recibido la salvación.

¡No podemos hacer otra cosa que contemplar ese inagotable panorama! La gloria, la alabanza, la bendición y la acción de gracias son las únicas palabras dignas y humildes que podemos pronunciar ante Dios Trinidad.

Te invocamos[1], Trinidad santa. La invocamos para que nos escuche, para que nos libre de los enemigos que nos odian y persiguen. La invocamos para que nos restablezca en nuestra herencia, nos lleves a tu reino, y mejor aún, para que seamos tu reino, y así se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo"[2].

¡A ti, pues, te invocamos, te adoramos, te alabamos, oh bienaventurada Trinidad![3]. Te alabamos porque nos has hecho, y no nosotros a nosotros mismos[4]. ¡Sea grata en tu presencia la alabanza de nuestro corazón y de nuestros labios! Que te sea grata, Señor, nuestra alabanza, y nosotros merezcamos ser asociados al coro de los que verdaderamente te alaban, los perfectos adoradores. De los que dice la Escritura: He puesto sobre tus murallas, Jerusalén, vigías, que ni de día ni de noche dejarán de alabar al Señor[5]. (S. Elredo de Rieval, Serm. 130,6.12).



[1] Cf. Ant. De la Trin. (HESBERT 3,5119).

[2] Mt 6,10.

[3] Cf. Ant. De la Trin. (HESBERT 3,5119).

[4] Sal 99,3.

[5] Is 62,6.