La presencia que nos da sentido - AB. PRESIDENTA -

M. Eugenia Pablo Esteban, Abadesa Presidenta 

"Sabed que yo estoy con vosotros"
 
En un mundo que parece hacernos todo "presente" con la máxima celeridad, nos damos cuenta que estas "presencias", en su mayoría, nos dejan un poso de ausencia de sentido que no llenan el deseo de algo más que brota de lo más profundo del corazón. 
 
San Bernardo nos lo expresa magistralmente en su "Libro sobre el amor a Dios". Nuestro gran maestro de vida espiritual, el abad de Claraval, nos muestra que el deseo de Dios es algo que Dios mismo despierta  en nosotros, en lo más profundo de nuestro ser, y la única medida para amarle es amarle sin medida. Y esto es algo que está en constante crecimiento si sabemos descubrir esa presencia que nos llama siempre a más y nunca nos deja vacíos.
 
El descubrimiento de la presencia de Cristo en medio de nosotros da sentido a nuestro vivir e ilumina cada circunstancia, por tenebrosa que parezca. Vivimos en un mundo lleno de fragilidad e inconsistencia, solo podremos pisar fuerte si la presencia que nos acompaña y alienta nos abre a un infinito deseo de ir siempre adelante, porque tenemos la certeza que no caminamos solos. La vida monástica ha de ser este signo de presencia que sostiene y nos llama a mirar a lo Alto, a alzar nuestra mirada para descubrir que por encima de nuestra debilidad hay alguien que nos sostiene y llama a la felicidad verdadera, más allá de nuestras pequeñas fronteras. 
 
Oremos para que el Espíritu Santo nos enseñe a gustar la presencia que alienta nuestras vidas. 
  
         Oh Espíritu Santo, alma del alma mía, en Ti solo puedo exclamar: Abbá, Padre.

Eres tú, oh Espíritu de Dios, que me vuelves capaz de pedir y me sugieres qué pedir.

Oh Espíritu del amor, suscita en mí el deseo de caminar con Dios: solo Tú lo puedes suscitar.

Oh Espíritu de santidad, Tú escudriñas las profundidades del alma en la que habitas y no soportas en ella ni siquiera las mínimas imperfecciones: quémalas en mí, todas, con el fuego de tu amor.

Oh Espíritu dulce y suave, orienta cada vez más mi voluntad hacia la tuya, para que pueda conocer claramente, amar ardientemente y cumplir eficazmente. Amén.

                                           San Bernardo de Claraval 

 
 
 







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