El Señor le
regaló a Bernardo la gracia de la experiencia mística y a esta gracia le agregó
otra: el don de iniciar a otros en el misterio. Bernardo místico es también un
mistagogo, un pedagogo que introduce a otros en el Misterio y que experimentó,
entendió, explicitó, organizó y comunicó su propia vivencia y de este modo nos
arrastra en pos del Señor.
Tiene además
muy claro que si él adelanta en la perfección es para ayudar a otros a avanzar
en ella. En pocas palabras, Bernardo mistagogo comunica el Misterio a fin de
ayudarnos a entrar en el mismo y negarle a san Bernardo sus dones mistagógicos
es equivalente a cerrarse a su enseñanza. Proyectar sobre él una concepción de
la mística extraña a la suya propia es condenarse a mal interpretar toda su
doctrina.
Lo que
acabamos de decir es válido para toda la obra del Abad de Claraval, pero más
aún para su colección de Sermones sobre el Cantar de los Cantares (SC).
Tratándose de una obra madura, refinada y recopiladora de todo su pensamiento,
no siempre resulta fácil su abordaje y lectura.
¡Oh alma
santa!, permanece solitaria y resérvate exclusivamente para el Señor, a quien
has elegido para ti entre todos. Huye de las gentes, huye hasta de tus
familiares; aléjate de los amigos e íntimos, hasta del que te sirve. ¿No sabes
que tienes un esposo muy pudoroso, que de ninguna manera te regalaría con su
presencia delante de otros? Aléjate, pues, pero con el corazón, no
corporalmente; con tu intención, con tu devoción, con tu espíritu. El Santo
Ungido del Señor, tu aliento, busca la soledad de tu espíritu, no la del
cuerpo; aunque a ratos no está mal que te separes también corporalmente, cuando
puedas hacerlo con discreción, en especial durante la oración.
El Señor te ha mandado cómo debes cumplirlo: Tú, cuando quieras rezar, métete en tu cuarto, echa la llave y ora. Él cumplió lo que dijo: pasaba las noches orando a solas. No sólo se escondía de las turbas, tampoco admitía consigo a ninguno de sus discípulos ni familiares. Al final, cuando se le venía encima la muerte, llevó consigo a sus tres más íntimos. Pero se arrancó de ellos, porque deseaba orar. Haz tú lo mismo cuando quieras orar.
(S. Bernardo, Serm. 40 SC)

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