Movidos por el Espíritu,
la soledad eligieron
para contemplar a Dios
y a él darse por entero.
El Císter nació, movido
de ansias de verdad, anhelos
de pobreza y sencillez,
gran amor a Dios y al silencio.
Ya sólo agradar a Dios
es su firme pensamiento,
y hacer de la caridad
su estímulo verdadero.
El carisma monacal
crece lozano en el tiempo;
la vida comunitaria
es su clima y es su centro.
Haced, Padre, que seamos
los más fieles herederos
de esta fe, para que al Hijo
y al Espíritu alabemos. Amén.
Oh Dios, que nos has dejado un testimonio de religión en la vida de los santos, Roberto, Alberico y Esteban, concede a todos tus hijos e hijas del Císter, que como ellos, abandonaron todo por tu amor, ser instruidos por su doctrina y ejemplo, para que entregándose con todas sus fuerzas a vivir sólo para ti en el monasterio, gocen un día contigo en el cielo. Te lo pedimos por Jesucristo tu Hijo que con el Padre y el Espíritu Santo vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

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