17 may 2026

Solemnidad de la Ascensión del Señor 2026.

                                           

           “¡Qué procesión tan dichosa y sublime! Ni los mismos apóstoles pudieron participar en ella. Escoltado por las almas santas y entre el regocijo de los coros celestiales, llega hasta el Padre y se sienta a la derecha de Dios”, dice San Bernardo[1].

La resurrección culmina en la Ascensión, plenitud de toda la vida y obra de Jesús. Cristo aquí es el Sol en el cénit de su resplandor y eficacia salvadora. Siembra en el hombre la semilla de la esperanza y promete la presencia del Espíritu, que hará al hombre capaz de vivir como creatura celeste, como imagen viva de Dios.

Este misterio de Cristo invita a una contemplación jubilosa y llena de esperanza. Es una llamada a trascender la realidad presente y elevar los pensamientos y deseos. Bernardo siente la necesidad de meditar, resolver este misterio en la paz de la conciencia y dejarse impregnar de su inmensa suavidad:

«¿Quién de nosotros, al pensar en aquella vida futura, en aquella alegría, regocijo, felicidad y gloria de los hijos de Dios, y al meditar todo esto en el sosiego de su corazón, no prorrumpirá al instante, ante tanta plenitud e íntima suavidad: Señor, qué bien estamos aquí? No en esta penosa peregrinación en que camina el cuerpo, sino en esta suave y sabrosa meditación que se hace en el corazón»[2].



[1] Serm. 2 en la Ascensión 2,3.

[2] S. Bernardo, 4,8.



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