15 ene 2016

Jesús y María en las bodas de Caná


Los  efectos de la presencia de Jesús María su Madre, en el corazón de los acontecimientos humanos, en el caso concreto de las bodas de Caná de Galilea, suelen ser bien visibles para el que esté dispuesto a aceptar esa,  realidad.
Jesús y María, aunque sea con intensidad diferente, hacen presente la acción de Dios en todo lugar que se encuentren y donde está Dios, hay amor actuante, porque Dios es amor y el amor nunca es estático. Allí, donde hay amor, hay gracia y milagro.  Hay milagro, porque la acción de Dios en el hombre es un milagro. Dios es el bien, la verdad, la belleza, la abundancia. Así como cuando el sol despliega sus rayos en el horizonte, la tierra se ilumina, recibe calor y da su fruto. Cuando dejamos los rayos del amor de Dios se acerquen nos iluminen y den su calor, el bien, la paz, la belleza, la felicidad crecen en los corazones y los van transformando en vida de Dios en nosotros.
La mediación que Dios ha escogido para hacerse presente entre los hombres y comunicarse en la intimidad y profundidad con ellos, es Jesucristo. La obra de Dios llega al corazón del mundo por su Humanidad y, secundariamente, por la presencia de María. Poco o casi nada, sabían los novios de Caná a quién habían invitado a su boda. La invitación a la boda respondía a un vínculo de parentesco o amistad. Sin embargo, Jesús y María aceptaron la invitación porque era la forma de estar cerca y actuar amorosamente y en aquél momento, en aquella familia y aquellos invitados.  Ahora sigue aceptando con amor nuestras invitaciones a participar en los acontecimientos más importantes de nuestra vida, pero también en todo momento, porque quiere estar a nuestro lado para poder salir en nuestra ayuda en todas nuestras necesidades, también en las humanas. Entendamos que desear y pedir que Jesús y maría estén presentes en cada momento de nuestra vida, es darles oportunidad de que sus rayos de luz y amor, vayan transformándonos en tierra fecunda que da frutos de amor abundantes. 
 Acerquémonos de este modo, también nosotros a la humanidad de Jesús, donde siempre está presente maría, tratando de conocer y amar más y de manera progresiva, su trayectoria humana, escuchando su palabra, creciendo en fe y confianza, hasta ver en Él el rostro del Padre.

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