2 jul. 2016

LA ALEGRÍA CRISTIANA II

¿Hay lugar para la alegría en un mundo tan lacerado por el dolor?


La alegría verdadera, la que perdura por encima de las contradicciones y del dolor, es la de quienes se encontraron con Dios en las circunstancias más diversas y supieron seguirle. Y, entre todas, la alegría de María, como ejemplo: “Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu está transportado de alegría en Dios, mi salvador. El cristiano no  puede hablar de  alegría sin hablar de la Cruz, porque  cuando ofrecemos nuestras propias cruces amorosamente, Dios las transformará en alegría. “Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares, dice el salmo”.
Para el que vive así su vida cristiana la ofrenda que hizo el Señor de Su propia Vida por nuestra redención cobra un papel fundamental en su vida. El cristiano sufre, llora, tiene momentos amargos y siente dolor como cualquier otro ser humano. Sin embargo, la opción por el seguimiento de Jesús y la identificación con Él  en todo, también en el “acto supremo del amor”: pasión y muerte, le hace encontrar sentido  y utilidad salvífica a todo el dolor que le toca vivir por la certeza de que no solo él sino también tantos hermanos llegarán por el ofrecimiento de su sufrimiento, con Jesucristo a la Gloria de la Resurrección. Entonces… “Vuestra tristeza se convertirá en gozo”. Dios transforma nuestro dolor en gozo, la pena en júbilo, la muerte en resurrección. Y esta Resurrección en esperanza y en parte, de un modo muy real, comienza en esta vida ya. Aunque llegará a plenitud en la otra.
A poco que hayamos vivido nuestro cristianismo, todos hemos experimentado de una u otra forma, esta feliz realidad.

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